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"At first touch" series. 30x30cm e/p

El cine, la vida.

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Hace muchos años, en los 80, había un pequeño pueblecito serbio. En él, un cine llamado Sujteska. Alrededor del cine, un buen puñado de personajes. Y también animales. Bueno, solo uno, un loro. Bajo el techo que se desmorona es la historia de todo esto. Y, además, también la de mi abuelo.

Esta historia comienza con el Mesón El arado, que después pasaría a ser el Hotel Yugoslavija, al que acudiría la alta burguesía, hasta terminar convertido en el cine Sujteska. Son años duros en los que el comunismo reina en Serbia y la censura no pasa desapercibida en el entorno cinematográfico. Pero, de repente, algo ocurre: la proyección se corta, se encienden las luces y la señora que limpia nuestro cine protagonista comunica que el camarada Tito, el jefe de estado de Yugoslavia, ha muerto. A raíz de esto, Petrovic nos envolverá en las vidas de los personajes que en ese momento se hallan en el cine -ya sean estos meros espectadores como, también, el proyeccionista, el acomodador o el señor espía. A través de ellos conoceremos sus sentimientos, ocupaciones y pensamientos. Cada personaje nos hará ver la historia como la unión de un pueblo que fue sometido a un régimen de gran disciplina. Y tal vez por eso sea el cine el punto de encuentro de todos ellos, pues en él hallaban el paraíso, encontraban la ilusión de la vida.

Tal y como sucede en el cine, en la novela encontramos ficción, por supuesto, pero a través de ella también encontramos historia, la Historia del país en el que Petrovic ha vivido a lo largo de estos años; también la historia de la vida que toda persona podría vivir, sentir y experimentar.

«Y otra vez el operador del cine recibió la advertencia sobre qué películas eran aceptables y cuáles estaban prohibidas. Y otra vez hubo fusilamientos.» ¿Cómo no recordar con esto a mi abuelo? Porque él trabajaba en un cine, en un pequeño pueblo del sur de la España franquista. Él era proyeccionista y cortaba y cortaba metraje como el señor Prohaska. Recuerdo las historias que mi padre contaba sobre él, sobre mi abuelo y el cine, pues mi padre también trabajaba allí. Le ayudaba y repartía pipas. Cómo no relacionarlo cuando, aunque un país fuera comunista y otro franquista, en el fondo casi todo se censuraba, se prohibía, se aniquilaba.

Queda la esperanza de, como en el libro, tener un pájaro, exactamente, un loro. Un loro que se negaba a hablar y que, de hecho, se llama Democracia.  ¿No es quizás esto el símbolo principal que podemos encontrar, tanto en el libro como en la humanidad? El pájaro nos da alas, los pájaros vuelan en libertad, pero aquí nos hallamos ante un loro. Un loro que, pese a llamarse Democracia, saber que es un pájaro y que puede volar siempre que le plazca, está viviendo ahí, en esa fecha, en ese lugar, en esa historia. Y no habla. Se niega. Y como él nos negamos, nos autocensuramos por las cosas en las que nos toca vivir. Pero, a la vez, los personajes nos hacen ver que sigue quedando esperanza, que el loro todavía puede hablar. Para ello debemos sumergirnos en la historia y la ficción, en las metáforas y en la lírica. Aprender que cada personaje, cada lugar, cada país, tiene su alma, pero no por ello deja de estar unida a la universalidad de las emociones, sentimientos y pensamientos que cualquier otro ser humano podría tener en el mundo.

Bajo el techo que se desmorona, Goran Petrovic (Sexto piso)
Reseña publicada originalmente en Diarios Détour

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Realidad, arte y conocimiento - Luis Álvarez Falcón (Horsori, 2009)

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- El problema del ser y el problema del conocer.
- La experiencia estética del arte constituye un banco de pruebas que nos permite acceder excepcionalmente, a través del mismo, a la estructura de nuestra propoa subjetividad, al término de una escala de registros gnoseológicos que, concomitantemente, son también niveles de realidad.
- Las condiciones que hace posible la experiencia del arte tienen su origen en las condiciones que hace posible el conocimiento.
- La obra de arte rompe al instante y los flujos temporales comienzan a cruzarse de una forma extraordinaria. El presente ha quedado suspendido y el decurso uniforme del tiempo se ha roto.
- Cuando el momento artístico se extinque como objeto, aparece la expriencia estética.
- El arte modifica nuestra concepción de la realidad, abriendo un vacío intermedio, una región eminentemente real que discurre a espalda del espacio objetivo y del curso uniforme del tiempo.
- El arte consiste en encaminarnos hacia una impresión de transcendencia en relación con un mundo de seres y de cosas.
- La letra impresa ha salido a la calle en forma de cartel publicitario, y ha sido hecha esclava de una cultura de choque y la conmoción encaminada a la distracción superficial. La conciencia colectiva, ahora masa, recogerá impresiones visuales sin experimentarlas. Ya no cabrá hablar en Benjamin de "alienación", sino de falseamiento, confusión y, en definitiva, de uso ilegítimo de la "apariencia". La cultura de masas, al igual que la propaganda barroca, explotará la dialéctica inherente a la lógica de la experiencia estética para producir confusión, imposibilitando a través de la distracción, la posibilidad enfática de la "verdad".
- La pretensión metafísica, en consonancia con una determinada tradición filosófica que se otorga al arte, convierte su producción –genio– y su recepción –experiencia artística– en un vehículo de revelación de lo absoluto.
- La hipóstasis de la obra le convede un estatuto de realidad aurática que forma parte de la expresión de una mitología mágica, transcendiendo lo humano en la contemplación de lo divino.
- La lógica de la experiencia del arte es la lógica de una oscilación entre lo que parece y lo que aparece.
- La belleza del arte dependerá de una cierta incapacidad de nuestras facultades sensibles de conocer, de nuestra limitación subjetiva para unificar la multiplicidad sin orden que se presenta ante la intuición.
- El arte, en su irrealidad, conseguirá transladarnos a una profundidad mundana, ontológicamente originaria, que va a irrumpir de modo intempestivo en la esfera de la vida habitual, como un transfondo primitivo, como un pre-ser anterior a la donación del mundo, donde la humanidad ha quedado sustraída y donde sólo queda una forma de des-humanización reductiva en la que se disuelve la co-existencia humana.
- El contenido de la verdad de las obras de arte es la solución objetiva del enigma de cada una de ellas. (...) La zona de intermediación entre lo irrealizable y la realidad es la que constituye su enigma.

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Lore, Cate Shortland (2012)